Hongos micorrícicos y raíces de tomate bajo plástico
Cómo leer la colonización en muestreos de raíz a lo largo del ciclo, sin sacar conclusiones de una sola foto.
Cuando alguien nos trae raíces de tomate para valorar micorrización, lo primero que preguntamos no es la dosis aplicada ni la casa comercial del inóculo. Preguntamos cuándo se tomó la muestra, de qué planta y de qué profundidad. La mayoría de lecturas confusas que llegan al laboratorio vienen de ahí, no del microscopio.
La colonización arbuscular en tomate bajo invernadero no avanza en línea recta. Sube con fuerza en las semanas siguientes al trasplante, cuando la raíz joven explora el sustrato y el hongo encuentra carbono disponible. Se estabiliza durante floración y cuaje, y cae cuando el fósforo soluble en la solución nutritiva supera cierto umbral: la planta deja de "pagar" el coste simbiótico porque ya tiene fósforo de sobra. Ese descenso no significa que el inóculo haya muerto, solo que la simbiosis ha perdido interés para el cultivo en ese momento.
Para tomar una muestra representativa elegimos seis plantas por sector, evitando las de borde y las que están junto a goteros con historial de obstrucción. De cada planta cortamos tres fragmentos de raíz fina de segundo y tercer orden, a unos diez centímetros del tallo y a distinta profundidad. Se conservan en alcohol al 70 % hasta el procesado. Aclaramos con KOH, teñimos con azul de tripán y contamos intersecciones al microscopio óptico: campos con arbúsculos, vesículas y hifas internas. La tasa se expresa como porcentaje de longitud radical colonizada, no como número de esporas en sustrato, que es un indicador distinto y a veces engañoso.
En ciclos de otoño, el primer muestreo útil cae entre los 25 y 30 días tras el trasplante, con temperaturas de sustrato todavía altas. En primavera conviene adelantarlo a los 20 días, porque el arranque es más rápido y la ventana de colonización activa se estrecha. Un segundo muestreo en plena floración confirma si la simbiosis se mantiene, y un tercero al inicio de recolección avisa de caídas ligadas a exceso de fósforo o a riegos demasiado salinos. Con tres lecturas por ciclo se ve la tendencia; con una sola, se ve una anécdota.
Si el porcentaje baja entre el segundo y el tercer muestreo, revisamos primero la conductividad eléctrica de la solución drenada y el aporte de fósforo de las últimas dos semanas. Solo después planteamos refuerzos de inóculo. Aplicar hongo sin corregir la causa suele dar una subida breve y un descenso más pronunciado después.